Relatos eróticos en tu buscador favorito

 
 
    Inicio
  Ajax Links
 
 
 
    Categorias
  Nuevos Relatos
  Top 100
  Relato Aleatorio
  Buscar Relatos
  Enviar Relato
 
 
 
    Lista de autores
  Autor Aleatorio
 
 
 
    Contacto
  Recomiendanos
  Favoritos
 
 
Fecha: Miercoles, 30 Mayo 2007 « Anterior | Siguiente » en Gays

El internado

admin (iberporno@gmail.com)
Accesos: 7272
Valoración media:
Pagina 1 de 1
 -   + 
Cuento perteneciente al libro Delta de Venus / Anaís Nin (Neuilly, Francia, 1903 - Los Ángeles, 1977)

La historia ocurrió realmente en Brasil hace muchos años, lejos de las ciudades, donde prevalecían las costumbres dictadas por un estricto catolicismo. A los muchachos de buena familia se les enviaba a internados regidos por los jesuítas, quienes hacían perdurar los severos hábitos de la Edad Media. Los chicos dormían en camas de madera, se levantaban al amanecer, iban a misa sin haber desayunado, se confesaban todos los días, y eran vigilados y espiados constantemente. La atmósfera era austera e inhibidora. Los sacerdotes comían aparte y creaban en torno a sí mismos un aura de santidad en torno. Se mostraban parcos en gestos y palabras.
Entre ellos había un jesuíta muy moreno, con algo de sangre india. Su rostro era el de un sátiro, con anchas orejas pegadas a la cabeza, ojos penetrantes, una boca de labios relajados que siempre babeaban, cabello espeso y olor animal. Bajo su larga sotana obscura, los muchachos habían advertido a menudo un bulto que los más jóvenes no podían explicar, y del que los mayores se reían a espaldas del interesado. Ese bulto aparecía inesperadamente, a cualquier hora, mientras leían en clase el Quijote o a Rabelais y, a veces, cuando miraba a los chicos, y en especial a uno, el único rubio de toda la escuela, cuyos ojos y cutis eran los de una muchacha.
Le gustaba llevarse a ese alumno consigo y mostrarle libros de su colección privada. Contenían reproducciones de cerámica inca en la que, a menudo, se representaban hombres en pie apretados uno contra otro. El muchacho hacía preguntas que el anciano sacerdote solía contestar con evasivas. Otras veces, los grabados eran muy claros: un largo miembro surgía de un hombre y penetraba al otro por detrás.
En la confesión, el sacerdote importunaba a los chicos con sus preguntas. Cuanto más inocentes parecían ser, más de cerca les interrogaba en la obscuridad del reducido confesionario. Los penitentes, arrodillados, no podían ver al presbítero, sentado en el interior. Su voz, baja, les llegaba a través de una celosía:
Has tenido alguna vez fantasías sensuales? Has pensado en mujeres? Has tratado de imaginar a una mujer desnuda? Cómo te comportas por la noche en la cama? Te has tocado? Te has acariciado tú mismo? Qué haces por la mañana cuando despiertas? Estás en erección? Has tratado de mirar a otros chicos mientras se visten? O en el baño?
El chico que no sabía nada, pronto aprendía qué se esperaba de él, y esas preguntas le instruían. El que sabía, experimentaba placer confesando detalladamente sus emociones y sueños. Un muchacho soñaba todas las noches. Ignoraba qué aspecto tendría una mujer, cómo estaba hecha, pero había visto a los indios hacer el amor a las vicuñas, que se parecían a delicados ciervos. Soñaba que hacía el amor con una vicuña y despertaba todas las mañanas húmedo. El anciano sacerdote estimulaba estas confesiones. Las escuchaba con una paciencia infinita e imponía extrañas penitencias. A un chico que se masturbaba continuamente le ordenó que fuera con él a la capilla cuando no hubiera nadie en ella, y que metiera el pene en agua bendita, a fin de purificarse. Esta ceremonia se desarrolló con gran secreto en plena noche.
Había un chico muy salvaje, con aspecto de príncipe moro, de rostro moreno, aspecto noble, porte regio y un hermoso cuerpo, tan delicado que nunca se le marcaban los huesos, suave y pulido como una estatua. Se rebelaba contra la costumbre de usar camisón para dormir. Estaba acostumbrado a dormir desnudo, y el camisón le desagradaba, le sofocaba. Así pues, todas las noches se lo ponía, como los demás, luego se lo quitaba en secreto, bajo las cobijas, y se dormía sin él.
Todas las noches, el anciano jesuita hacía sus rondas, vigilando que nadie visitara la cama de otro, se masturbara o hablara en la obscuridad a su vecino. Cuando llegaba a la cama del indisciplinado levantaba la ropa con cautela y miraba su cuerpo desnudo. Si el chico despertaba, le regañaba: "He venido a ver si estabas durmiendo otra vez sin camisa!" Si no despertaba, se contentaba con una mirada que recorría el joven cuerpo dormido.
Una vez, durante la clase de anatomía, hallándose el jesuita en la tarima del profesor y el muchacho con aspecto de chica sentado mirándole con fijeza, la prominencia bajo la sotana se manifestó claramente a todos.
De cuántos huesos consta el cuerpo humano? preguntó al chico rubio.
De doscientos ocho, repuso mansamente el interrogado.
La voz de otro alumno llegó desde el fondo de la clase:
Pero el padre Dobo tiene doscientos nueve!
Poco después de este incidente, los muchachos fueron a una excursión botánica. Se perdieron diez de ellos, entre los cuales se hallaba el delicado joven rubio. Se encontraron en el bosque, lejos de los profesores y del resto de la escuela. Se sentaron para descansar, y decidir qué hacer. Empezaron a comer bayas. Nadie supo cómo ocurrió, pero al cabo de un rato el rubio se hallaba tendido boca abajo en la hierba, desnudo. Los otros nueve pasaron por encima de él, tomándolo brutalmente, como si fuera una prostituta. Los más experimentados penetraron su ano para satisfacer su deseo, mientras que los menos expertos recurrían a la fricción entre las piernas del muchacho, cuyo cutis era tierno como el de una mujer. Escupieron sobre sus manos y ensalibaron sus penes. El rubio chillaba, pataleaba y se lamentaba, pero lo agarraron entre todos y se sirvieron de él hasta quedar saciados.



Ultim actualizacion el Miercoles, 30 Mayo 2007 por admin
  
Relatos porno © admin

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!

Valoración

0 Votos

« Volver a la página anterior Ir arriba

Comentarios ( 0 ):

0 %


 
Escribir comentario:

Los comentarios estan habilitados solo para usuarios registrados, puedes registrarte haciendo click aquí


 
 
Nombre de usuario

Contraseña


 Registrar
Olvidé mi contraseña
 
 
 
 
 3497 usuarios registrados
 1337 relatos publicados
 1 relatos en espera
 
 
 
    Videos Porno
  Cibersexo
 
 


 
    Procesando tu solicitud...

© Iberporno.com. Estas páginas no han sido diseñadas para ser vistas por menores. Si eres menor de edad te recomendamos salir ,

[Padre, proteja a sus hijos] [Información legal ¿Quienes somos?] [Denuncie la pedofilia]