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Fecha: Sabado, 31 Marzo 2007 « Anterior | Siguiente » en Orgias

Mi esposa y Jorge

Anonimo
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Cuando llegué al carro ya estaban los dos en la parte trasera y para mi sorpresa, Luisa estaba sentada en el asiento trasero con la espalda pegada a la ventana del carro y las piernas abiertas sobre el respaldar...

Trío con mi esposa y Jorge.

Luisa, mi esposa y yo llevamos 10 años de casados. La conocí cuando recién cumplía los 18 años. Era una chica rubia mediana, de senos no muy pronunciados pero con un culo redondo y macizo que es la envidia de todas las muchachas del barrio. Además lo que no le falta en tetas, le sobra en chucha, porque tiene unos labios vaginales tan gruesos y una chucha tan grande que con cualquier pantalón que se ponga se le nota la hendidura y la punta del pirigallo (clítoris).

Un día viendo unos videos porno gratis me puse a pensar como se vería Luisa con una verga que no fuera la mía en la chucha, no tardé mucho en proponerle que hiciéramos un trío con otro macho. En un principio no le agradó pero poco a poco la fui convenciendo hasta que un día me dijo que había encontrado al hombre ideal. Cuando le pregunté de quien se trataba me dijo que era un taxista llamado Jorge, alto y bien dotado al cual ella le había ofrecido ser suya si yo participaba. La idea me pareció estupenda ya que no dejaba de imaginarme esa chucha repleta con otra pinga.

Un día ella me dijo que ya había arreglado todo y que nos encontraríamos en una discoteca. Fuimos al lugar como habíamos acordado y buscamos el rincón más oscuro del lugar. Allí bailamos un rato y tomamos unos tragos esperando a que Jorge llegara, hasta que sonó su celular y ella habló con Jorge quedando de verse en otro lugar porque debía dejar una carrera importante. Fuimos a la otra discoteca y después de quince minutos de estar en el lugar por fin llegó Jorge a cumplir mi fantasía. Allí platicamos de varios tópicos hasta que terminamos hablando de sexo y en medio del nerviosismo por la situación y por lo que iba a ocurrir, le di a entender que todo estaba bien, que yo sabía que el se iba a coger a Luisa y que para mí eso era normal. Aunque realmente no lo era porque iba a ser la primera vez que vería como otro hombre se iba a complacer con los rincones de placer de mi esposa.

Después de una hora de conversación llegó el momento de la toma de decisiones y llamé al mesero para pagar la cuenta, momento que ella aprovechó para pedir la llave del auto y adelantarse mientras yo cancelaba la cuenta. Cuando llegué al carro ya estaban los dos en la parte trasera y para mi sorpresa, Luisa estaba sentada en el asiento trasero con la espalda pegada a la ventana del carro y las piernas abiertas sobre el respaldar del asiento trasero y el delantero. Jorge tenía la cabeza entre sus piernas y le estaba devorando la chucha, metiéndole la lengua lo más que podía mamándole el clítoris como si chupara un caramelo. Yo entré y puse en marcha el auto que tenía los vidrios ahumados permitiéndoles a ello seguir con su mamada sin interrupción. Camino al motel hice algunos altos en los semáforos y aproveché esos momentos para ver como le habrían las piernas para mamarle el pirigallo y escuchar los gemidos de placer que daba Luisa al ser devorada por Jorge.

Cuando llegamos al motel cerré el portero automático y bajé del auto pero para mi sorpresa Jorge solo se limitó a abrir la puerta para seguir saboreando los néctares que le brotaban a Luisa de la chucha. No me quedó más remedio que unirme a ellos y le saqué las tetas del sostén y me las metí a la boca. Esto puso a mi mujer tan arrecha que comenzó a gemir muy fuerte mientras Jorge le chupaba el pirigallo a mi esposa, poniéndonos a ambos tan arrechos que la terminamos desnudando en el auto para seguir por unos minutos mamándole las tetas y la chucha.
Al rato decidimos entrar a la habitación y rápidamente los tres quedamos desnudos. Yo me acosté en la cama con la pinga erecta y Luisa se sentó sobre la verga. Jorge aprovechó y le comenzó a sobar las tetas. Comenzamos a culear un rato yo me la cogía y después ella sacaba mi verga para que el se la cogiera por detrás. Al cabo de un rato saqué una crema lubricante que llevaba en el bolsillo para hacerle mas fácil la enculada a Jorge y se la di para que le lubricara el orificio del culo; el lo hizo y después de un rato de frotarle en semicírculos el culo le comenzó a meter el dedo en el culo dando realizando movimientos circulares para que se relajara y permitiera la penetración. Cuando ya tuvo el ano bien dilatado por el masaje que le estaba dando le comenzó a introducir la punta del pene poco a poco hasta que logró encularla por completo. Jorge comenzó un mete y saca y Luisa comenzó a gemir del placer de tener una pinga adelante y otra atrás. Mientras la enculaba le decía que se viera por el espejo con dos hombres adentro y ella gozaba al máximo. Al cabo de un tiempo los movimientos de la pinga que tenía en el culo fueron acelerando y poniéndose más dura y más rígida hasta que Jorge se corrió llenándole todo el orificio del culo de espesa leche; entonces se la sacó y la dejó culeando conmigo hasta que me sacó la leche. Jorge había aprovechado ese momento para lavarse y se había sentado a observar como mi pinga entraba y salía de la chucha de Luisa.

Cuando yo me corrí él ya estaba nuevamente empalado y arrecho, así que se acostó a un lado y ella solamente se levantó de mi pinga para sentarse en la de Jorge. Comenzó a subir y a bajar sobre esa pinga y yo aproveché para ir al baño y lavarme. Cuando regresé ella estaba sentada sobre la pinga de Jorge de espalda a él y me puse a observar como subía y se detenía en la cabeza de aquella verga y luego se dejaba caer a horcajadas estrellándose con los huevos que le servían de almohada a ese culo hermoso que siempre ha tenido. Podía observar como la entretela de la chucha le salía y entraba con cada embestida de la pinga de Jorge. Esto me puso súper arrecho y aproveché esa posición para subirme a la cama y meterle la pinga en la boca y ponerla a mamar. Luisa se tragaba mi verga como si fuera la última que se fuera a comer y al cabo de unas cuantas embestidas en su boca sentí como me salía otro chorro de leche espesa que deposité en su lengua. Luego me fui a lavar y cuando regresé ella estaba acostada boca arriba con los pies bien abiertos y el Jorge le metía la verga con una velocidad y dureza que creo que el golpe de las nalgas se podía escuchar en las otras habitaciones. Luisa ya no gemía; gritaba de placer de la tanda de pinga que Jorge le estaba propinando hasta que comenzó a dar verdaderos alaridos de arrechura que terminaron con espasmos y muestras de satisfacción mientras le decía a Jorge que tenía la verga grande y rica y que le gustaba como se la estaba culeando. Al rato Jorge le sacó la pinga de la chucha y se corrió en las tetas de Luisa dejándola toda llena de leche. Luego nos vestimos y nos fuimos satisfechos de aquella excelente culeada. En casa comentamos lo que había pasado y quedamos en invitar a Jorge a pasarse un tiempo con nosotros en la casa. Después les contaré lo rico que la pasamos y las culeadas que le dimos entre los dos a mi esposa.




Ultim actualizacion el Lunes, 2 Abril 2007 por admin
  
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