Videos porno gratis pagina 316

Las mellizas de 15

Me llamo Antonio pero todos me dicen Tony, tengo 17 años y voy a una escuela de varones, al último año. Y los que les voy a contar sucedió en el verano del 2004 cuando tenía 14 años y fue muy especial porque descubrí un aspecto de la vida que creía que la conocería cuando fuese mayor. Por fin nuestras vacaciones deseadas durante tanto tiempo. Por fin salir de la rutina y encontrar otros paisajes y otras gentes. Mis padres ahorraron dinero porque querían hacer un crucero por las Antillas. Con las expectativas del caso, viajamos primero hasta Miami donde abordaríamos el Royal Caribbean. El día de la partida era un cúmulo se sensaciones sin igual, y una vez sobre el navío, la adrenalina me fluía a borbotones. Nos asignaron camarote y dejamos allí nuestros bolsos y salimos a cubierta para ver la partida de puerto. Cuanta emoción. Ya caía la noche y las luces de Miami se veían ya lejos, mis padres se dieron un baño y se cambiaron mientras ahora me tocaba a mí ducharme. Salimos a recorrer el barco y a divertirnos con la música. Mis padres bailaron antes de cenar y la alegría nos embargaba por todos lados. A la vuelta de la cena, y antes de volver a subir al salón donde se desarrollaba la fiesta, nos fuimos al camarote para cambiarnos de ropa, y escuché que desde el camarote del frente, salían vocecitas y risas. De repente la puerta se abrió y aparecieron dos hermosas jovencitas: rubias, de ojos celestes, de piel muy blanca y una sonrisa espectacular. Eran tan parecidas que no las podía comparar. Me quedé allí, como un idiota parado mirándolas, hasta que una de ellas me dijo algo en un idioma que no entendí nada. Se miraron y se rieron. Detrás de ellas salieron sus padres, y la madre me saludó con todo respeto y con un castellano muy rudimentario, pero la entendí. -nosotros Dinamarca, me dijo- Entonces entendí que eran de ese país. Mi madre, que es teacher en un colegio de mi ciudad (gracias a Dios no del mío), entabló conversación enseguida con la familia vecina y palabras van, palabras vienen, muchas risas y cordialidad, parece que quedaron en encontrarse en el salón para compartir mesa y entablar relaciones amistosas. Yo no podía sacarme de la cabeza la sonrisa de las niñas y no veía las horas de subir para poder verlas de nuevo. Llegamos al salón y mi madre ve que la señora le hace señas de una de las mesas, mi madre le contesta con otra seña y hacia allá vamos. Me siento con ellos pero la conversación no la entendía y las mocosas no se hallaban ahí. Mi cabeza giraba casi como la de una lechuza buscándolas pero mis ojos no las encontraban. Noté que la madre de ellas hablaba con la mía de mí hasta que mi madre me dijo que las niñas ya volverían, que no me aburriera porque todavía la diversión no había comenzado. De repente, allí venían las dos. Brillaban con luz propia, eran hermosas, inigualables. Parecía que me estuviese enamorando?�pero de cuál?. La madre me las presentó con toda formalidad mientras ellas saludaban y no dejaban de sonreír. -ella Cathy, ella Ingrid yo estiré la mano para saludarlas pero Cathy se acercó y me dio dos besos, uno por cada mejilla. Ingrid hizo igual. -Va a bailar todos me dijo la madre- y algo les dijo a las niñas. Ingrid entonces me tomó de la mano y me llevó hasta la pista y nos dispusimos a bailar. Le dije que mi nombre era Tony y que tenía 14 años, las señas nos ayudaban a comprendernos, pero después de bailar un buen rato con ella, vino la hermana y se puso al otro lado y seguimos bailando los tres. Nos fuimos de allí a un apartado para poder hablar más tranquilos. Me enteré de sus gustos musicales, de cómo era su perro, de que tenían 15 años y otras menudencias más. Tantas palabras desconocidas y tantas señas raras nos divertían muchísimo, y nuestras carcajadas llegaban a ser más estridentes que la misma música. Se hizo corta la noche y ya entrada la madrugada, nos fuimos a dormir. Nos despedimos con dos besos a cada una y me acosté con sus sonrisas grabadas en mi recuerdo. Los días se fueron sucediendo y ya nos habíamos convertido en amigos. El crucero ya había dado la vuelta y estábamos volviendo a Miami. Una noche, después de cenar todos juntos, mi madre me avisa que iríamos al teatro del barco para ver una función musical, como a mí no me interesaba no quería ir en realidad, pero si las mellizas iban, obviamente que yo también lo haría. La cara de no querer ir que yo tenía tiene que haber sido muy evidente porque mi madre le dijo algo a la madre de las niñas y me preguntó si quería ir. Antes que pudiese contestarle me dijo que me quedara con las chicas, porque ellas no querían ir a un espectáculo de música para viejos. -yo tampoco, me apuré a contestar- -entonces quédate con ellas aquí me dijo mi madre sonriendo- Nos quedamos en el salón pero a Ingrid se le ocurrió ir a cubierta para ver las estrellas y el mar de noche. Una vez allí arriba, mirando como el barco rompía el mar y teniendo a una a cada lado, Cathy me decía cosas que no entendía, pero me hacía señas con su dedo en la boca y estiraba sus labios. Yo le decía que no entendía, entonces ella me tomó de la nuca y me estampó un beso con lengua incluida que me dejó atónito. Antes que reaccionara, Ingrid la imitó y luego las dos se miraron, rieron y se hablaron de algo que parece se habían puesto de acuerdo. Me dijeron algo que tampoco entendí, pero me tomaron cada una de una mano y empezamos a caminar por el crucero. A cada momento nos deteníamos y me besaban. Yo la estaba pasando muy bien, pero me di cuenta que habíamos llegado a su camarote cuando estuvimos frente a su puerta. Entramos allí y después de hablar un momento entre ellas, Cathy me invitó a sentar y me decía cosas que les producían gracia porque reían. Como no entendía lo que decía, me hizo una seña que me pareció familiar pero me asustó: entendí que querían hacerme una paja. Como yo me quedé helado, Ingrid se acercó y me besó, y mientras lo hacía con su mano me tocaba el bulto que había empezado a crecer. Cathy me desabrochó el cinturón y aflojó el cierre del pantalón, entonces Ingrid metió su manito y tomó mi polla. Me terminaron de desnudar y sus caritas de ángeles se habían convertido en endemoniados rostros de lujuria y placer. Me hicieron señas como que esperara y se metieron al baño. En ese momento de soledad pude pensar y darme cuenta en qué situación estaba, pero me iba a dejar hacer todo lo que quisieran, porque pensaba que cuando volviese a mi escuela, mis amigos no me iban a creer estas vivencias. De repente se abre la puerta del baño y salieron las dos sólo con su ropa interior. Qué bellezas que eran!. Me empujaron sobre la cama y me comenzaron a tocar hasta que la polla se erectó como nunca lo había hecho. Ellas hablaban y se decían cosas que ya no me importaban que significaban, hasta que Ingrid me invitó a que le sacara el brassier. De los nervios que tenía no podía juntar los dedos, hasta que la prenda cedió, me tomó de las manos y me indicó que le bajara la pequeña braga que llevaba. Lo hice de un tirón y allí pude ver, extasiado, la gloriosa aparición de una conchita rubia, rosadita, con poco vello que me invitaba a los más impensados actos carnales imaginados en mi corta vida. Cathy me pidió lo mismo pero esta vez lo hice con más cuidado. Allí estábamos los tres, totalmente desnudos. Me tiraron sobre la cama con la boca para arriba y Cathy se sentó sobre mí, me tomó la polla con la mano y la acomodó dentro de su hueco y comenzó a cabalgarme. -ah.ah..ahhhh..aaaaaaahhhhhhhhhh era lo único que podía yo decir, porque estaba gozando como un loco. Tenía mi verga metida dentro del cuerpo de ella y la veía entrar y salir. También veía como sus tetas se bamboleaban de arriba abajo y a Ingrid dándose dedos como una alienada en la cama del frente. De repente, siento que ya me venía, pero antes de acabar, Cathy terminó en un increíble orgasmo. No mucho después yo estallé en varios chorros de leche que fueron a llenar la vagina de mi rubia amante. Nos quedamos un momentito así, besándonos y tocándonos hasta que Ingrid le pidió el lugar a su hermana. Primero amenazó como para hacerme una paja, y cuando se me puso tiesa, me montó igual que Cathy y también comenzó a moverse. Ingrid hacía tres o cuatro movimientos y se detenía, repetía y se detenía. Ya me estaba volviendo loco cuando la oigo acabar como si satán le hubiese clavado una daga al rojo vivo Aaaaaaahhhhhhh, aaaaaaahhhhh, aaaaaaayyyyyyyyyy... yeeeeeesssss!! Y comenzó a moverse más y más esperando que yo acabase, hasta que sentí que la leche me subía una vez más por el caño hasta que dos o tres cañonazos inundaron el interior de Ingrid. Nos lavamos los tres porque ya se acababa la función musical de nuestros padres, pero antes de irnos, Ingrid me apoyó contra la pared y me hizo una paja de maravillas, y aunque sólo fueron dos o tres gotas nada más, las disfruté muchísimo. Limpiamos y nos fuimos. Nos sentamos en el salón y nos quedamos allí bebiendo jugos hasta que aparecieron los cuatro adultos. Nos quedaba una sola noche de barco antes de llegar a destino final, pero esta vez no disponíamos de un camarote libre, porque si bien la fiesta era bailar, sorteos y regalos, no sabíamos cuánto tiempo iban a estar allí, y preferimos no arriesgar. Salimos los tres a dar vueltas por el interior de la nave hasta llegar al teatro, pero como no había función, estaba vacío y muy oscuro. Entramos los tres a hurtadillas y nos acomodamos detrás del cortinado, comenzamos a tocarnos y a desnudarnos sólo lo necesario. Entonces una de ellas, que no sabía quién era por la oscuridad, se acostó y abrió las piernas invitándome a cogerla, y sin pensarlo, me acosté sobre ella y comencé a penetrarla sin pausa hasta hacerla acabar y yo también. Jadeábamos con la boca cerrada para no hacer ruido, y al momento de nuestros orgasmos, dejamos escapar el aire con un leve y sentido quejido mmmmmm, ssssssaaayyyyysssssiiiiiii! la otra, se sentó sobre mí y me cabalgó hasta terminar muy parecido que anteriormente. Nos limpiamos con las cortinas y nos fuimos a cubierta. Allí estábamos los tres mirando pasar las olas y el reflejo de la luna sobre el agua cuando Cathy comienza a besarme e Ingrid me saca la polla por el cierre del pantalón y ante la atenta mirada de la hermana y aprovechando que no había nadie cerca, me hizo una paja fabulosa. Acabé con la poca leche que me quedaba y ésta fue a parar al océano para comida de algún pez. La mañana llegó y los rascacielos de Miami indicaban el fin del viaje y de la aventura. Antes de despedirnos, me saqué muchas fotos con las dos e intercambiamos direcciones de mail para chatear o para escribirnos. Mis padres dijeron a sus padres que pronto iríamos a visitarlos, pero yo sé que eso nunca va a suceder así que me resigné al verlas partir sabiendo que jamás las volvería a ver, estoy tan seguro de eso. [img]http://www.iberporno.com/relatos/file138.jpg[/img]

Paginas 306 307 308 309 310 311 312 313 314 315 316 317 318 319 320 321 322 323 324 325 326 3198 3199 3200 3201 3202 3203 3204 3205 3206 3207 3208