A veces las joyas más brillantes permanecen ocultas como es el caso de esta estupenda película turca del 82 de la que os ofrecemos el final.
Su música de lo más original, el montaje sencillamente perfecto, los efectos especiales sublimes, el vestuario merecedor de un oscar y los diálogos al nivel de una película de Bergman.
Además todo el film derrocha humanidad por los cuatro costados.
Disfrutadla tanto como yo...