
Cuando Grigori Yefímovich más conocido como Rasputín fue asesinado en 1916 por un grupo de aristócratas rusos, como trofeo le cortaron el pene y se lo guardaron. A los pocos años su hija escribía una biografía sobre su padre en la que aseguraba que su pene de 40 cm había sido cercenado durante el asesinato. Esta afirmación causó revuelo en las altas clases rusas. Los conspiradores decidieron deshacerse del pene y se lo dieron a una antigua amante del monje.
En 1967 un anciana en París sacó a la luz el secreto que había guardado en una caja de madera durante años: el pene ruso.

Tras unas serie de pruebas se comprobó que era el de Rasputín y fue comprado por 8000 dólares por el mueso erótico de San Petersburgo, cuyo centro de atracción es el pene del legendario monje; allí funciona también una clínica de urología que espera con ello atender mejor a sus clientes. La exposición permanente está abierta al público, que puede admirar una impresionante colección de falos de cerámica y de imágenes libertinas, algunas de las cuales datan del siglo XIX.
Pero volviendo al famoso y malhadado pene, hoy en día sólo se conservan 28.5 cm del pene debido a una parte dejada en Rasputín durante la castración y a un supuesto ataque de perro.
No sólo su personalidad e influencia sobre los zares lo deben haber llevado a la muerte, sino también la envidia de su soberano tamaño.